La última vez que os escribí, me encontraba en Cuba aún, recién llegado a La Habana.
Ya había conseguido mi objetivo en bici y me sobraban 5 días para disfrutar de Cuba sin bici. Con estos días decidí visitar Vinyales, donde se encontraba Ainara, la chica vasca que conocí días atrás.
La mayoría de vosotros ya sabéis esta parte de la historia. Para los demás, deciros que fueron de los días más bonitos sin duda. Estuve con Ainara esos 5 días, visitamos un par de playas preciosas y realizamos una excursión en caballo visitando las plantaciones de tabaco -con chapuzón en un lago incluído-. Fueron días de felicidad en mayúsculas.
Pero esos últimos días llegaron a su fin y tenía que regresar. Aún me acuerdo que sensación más extraña recorría mi cuerpo al pensar que en dos días estaría en clase, en la universidad. Pisando de pies en el suelo de mi realidad, en mi mundo. Un lugar que suponía que iba a ser distinto a cuando lo dejé. Distinto desde mi perspectiva, un poco más abierto y optimista.
Y es que antes de partir hacia esta aventura yo me encontraba en un momento difícil de mi vida, quizás -os sonará a tópico- quería encontrarme conmigo mismo, saber si estaba tomando las decisiones correctas y entender donde me estaba equivocando. Pues bien, después de todo creo que no lo conseguí. Pienso que fue aún mucho mejor.
Yo fui ahí, y desde el primer segundo en pisar Cuba desconecté, realmente cuando os hablo de dos mundos -el de aquí y el de allá- es porque lo sentía así, me encontraba completamente solo y nada me recordaba el “mundo” de aquí…y para mi esa fue la clave para regresar con otros ojos, con otra energía, quizá otra mentalidad también. Fue una renovación para mi, algo que necesitaba.
Ahora ya ha pasado casi un año y medio del viaje, aún a veces necesito ver las fotos del viaje. Me sirve de alguna forma para teletransportarme durante unos minutos…guardo recuerdos preciosos de lo que yo considero un punto de inflexión en mi vida. Y cuando me preguntan sobre el viaje, se me hace difícil expresar con exactitud lo vivido y lo sentido esos días.
Dejarme proponeros un ejercicio. Me gustaría que de las siguientes palabras os quedaseis con la que más os llame la atención:
Constitución de la república de Cuba. ARTÍCULO 1: Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como república unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana.
Bien, muy probablemente antes de partir la palabra que me hubiese llamado más la atención hubiera sido “libertad política” o “justicia social” pero ahora cuando leo estas líneas me quedo con “solidaridad humana”. Cuba, su gente, es antetodo un pueblo solidario. Dejando al margen su situación político-económica, me maravilló ver, sentir, vivir el “hoy por ti, mañana por mi”. Un valor realmente en falta y muchas veces infravalorado en nuestra sociedad.
Puede ser este el motivo por el cual yo regalé mi bicicleta y todo mi material a la última familia que me acogió en Vinyales junto a Ainara. Maceo y Gladys, un matrimonio mayor que nos trataron realmente como a hijos. Me gustaría matizar que en su día no pensé hacerlo porque sentía compasión por su situación, ni en deuda por su solidaridad mostrada. Simplemente yo me tenía que ir y quería tener un detalle con ellos, un bonito y útil detalle, sin más. Ahora es cuando desde la distancia pienso que mi corazón necesitaba hacer algo así para tener un recuerdo más especial del viaje…quién sabe.
En fin, recomiendo a todo el mundo que tenga la oportunidad de ir que visite otras zonas no tan turísticas (La Habana), ahí entenderán mejor que es lo que quiero decir con estas palabras.
Nada más amig@s, Cuba no se explica, se vive.
Un viaje inolvidable,
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